Scarabajo parece entender muy bien la diferencia entre comida y experiencia.
Ubicado en la colonia Revolución, el concepto se presenta de una manera directa: cenas, amigos, vino y cotorreo. Una descripción sencilla que, en realidad, explica mucho sobre el tipo de lugar que quiere ser. Dónde no solo llega un buen platillo, sino que desde la puerta comienza la experiencia completa para vivir junto con tu circulo.
Aquí la mesa no es únicamente donde llega la comida. Es donde comienza la noche.
La propuesta incorpora bebidas, vino y dinámicas como sus Tiki Sundays, que suman otra personalidad al espacio y muestran una intención clara de crear diferentes motivos para regresar.
Eso es algo que cada vez vemos más en Tijuana: restaurantes que dejan de depender únicamente del menú y empiezan a construir una identidad alrededor de la música, el ambiente, la barra y la comunidad que los visita.
Porque cuando una salida funciona, normalmente recordamos mucho más que lo que pedimos.
Recordamos con quién fuimos, la conversación que se alargó, el segundo drink que no estaba planeado y ese momento en el que dejamos de ver la hora.
Scarabajo pertenece justo a esa categoría de lugares, los que empiezan con una reservación y terminan convirtiéndose en una buena historia.










