En Tijuana podemos discutir muchas cosas. Pero pocas generan tanta emoción como hablar de tacos.
La Santa entra precisamente a una ciudad donde la vara está alta y donde cada tijuanense tiene sus lugares, sus salsas y hasta su orden perfectamente definida. Su propuesta se mueve alrededor de clásicos que nunca necesitan demasiada presentación: asada, adobada, suadero, tripa y chorizo, además de burritos, tortas, mulitas y quesadillas.
Lo bueno no necesita complicarse
Hay días para una cena de varios tiempos y otros en los que lo único que quieres es escuchar cómo cae la carne sobre la tortilla, agregar salsa y empezar.
Eso también es gastronomía.
En La Santa, la carta parte de sabores reconocibles y de ese formato que Tijuana domina especialmente bien: comida directa, generosa y diseñada para disfrutarse sin demasiadas ceremonias.
Un taco de asada puede abrir la orden. Uno de adobada puede hacer que pidas otro. Después aparece el suadero, la tripa o una mulita para compartir —o para no compartir, dependiendo del hambre.
Y cuando creías que todo terminaba entre tortillas y salsa, en su menú incluso aparece una tarta vasca como opción dulce.
Tijuana servida en una tortilla
El taco en esta ciudad es mucho más que comida rápida. Es punto de encuentro, comida después del trabajo, cena improvisada y esa parada que termina alargando la noche.
Por eso una buena taquería nunca necesita una ocasión especial.
La Santa entiende ese espíritu. El plan puede comenzar con “vamos por uno” y terminar, como suele pasar, con la mesa llena de platos, limones, salsas y alguien preguntando quién quiere el último.
La respuesta correcta casi siempre es: pide otros dos.








